Fra Angélico, Madonna con el Niño, 1436, Museo Diocesano, Cortona Tomasso Masaccio, Crucifixión, 1428, Iglesia de Santa María Novella, Florencia. Pietro Perugino, San Sebastián, h.1498, Museo del Louvre, París. Rafael Sanzio, Desposorios de la Virgen María, 1504, Pinacoteca Vaticana Rafael Sanzio, Cristo resucitado, 1506, Pinacoteca Toscio, Brescia Rafael Sanzio, La Virgen del Prado, 1506, Museo del Prado, Madrid. Leonardo da Vinci, La Última Cena, 1498, Convento de Santa María delle Grazie, Milán. Leonardo da Vinci, Santa Ana, la Virgen y el Niño, 1510, Museo del Louvre, París. Miguelangelo Buonarrotti, Creación de Adán, 1515, Capilla Sixtina, el Vaticano. Jacopo Basano, Última Cena, 1542, Galeria Borghese, Roma. Il Tintoretto, Camino al Calvario, 1567, Scuola di San Rocco, Venecia. El Greco, El Expolio, 1579, Sacristía de la Catedral de Toledo.
En el período que conocemos como RENACIMIENTO se observa un cambio en la actitud del hombre ante la vida y el mundo que le rodea. Ya no lo rechaza como el hombre medieval, sino que intenta comprenderlo a través de la razón. Es así como, paulatinamente, en el arte se observará un creciente interés en cómo son y se comportan las cosas en la realidad sensible y, a partir de allí, se busca comprender la realidad sobrenatural. En otras palabras, en el Renacimiento los artistas harán uso de la realidad natural para, al racionalizarla, intentar comprender aquello que no le está dado ver (lo sobrenatural). Después de todo, en la mente de Dios están las ideas originales de todas las cosas y, aunque en este mundo todo es un pálido reflejo de esas ideas perfectas de Dios, a través de ellas, perfeccionándolas podríamos acercarnos a Él. En su intención de comprender el mundo sobrenatural a través del sensible, los artistas aprovechan cada oportunidad que tienen para estudiar racionalmente los elementos del mundo natural y acercarlos, al idealizarlos, al mundo divino. En este sentido, podemos ver en esta obra de Masaccio cómo recrea una bóveda arquitectónica tal y como ésta de vería desde fuera de la imagen, proyectada hacia el fondo. Con ello, Masaccio nos engaña haciéndonos creer que allí hay una bóveda, cuando no es así. Lo cierto es que todo en la imagen está perfectamente organizado y dispuesto de tal manera que la sensación de serenidad y eternidad se desprendan de ella. Al mismo tiempo, los personajes tienen cuerpo y volumen, adquiendo cualidades naturales a pesar de ser seres sobrenaturales. Todo ello para facilitar la comprensión de lo divino. Idealizar la realidad natural fue, para el artista del Renacimiento, un objetivo ineludible. Las cosas en el mundo natural (sensible) son imperfectas (en el mejor sentido platónico), por lo que hacer del mundo sobrenatural una copia dle natural sería un sacrilegio. Es por ello que los artistas buscan mejorar la realidad natural, hacerla lo más perfecta posible, idealizarla. El cuerpo humano, la arquitectura, la naturaleza, todo pasa por el tamiz de la idealización. Incluso los sentimientos de los personajes son idealizados y, con ello, dulcificados. Si observamos esta imagen de San Sebastián, veremos que a pesar de hallarse en el momento mismo de su martirio, éste no da muestra ninguna de sufrimiento ni dolor. Este santo está más allá del bien y del mal, más allá de las angustias del mundo natural: se halla en el mundo sobrenatural. En el arte religioso cristiano del Renacimiento veremos entonces cómo los artistas crean, a partir de los datos que toman del mundo real, un mundo completamente idealizado, en el cual se desenvolveran con naturalidad y elegancia las figuras sagradas. Esta es la manera cómo el Renacimiento recalca el carácter sagrado de las imágenes religiosas dispuesto desde los tiempos del Concilio de Nicea II (787). En este proceso de produnda idealización, los artistas del Renacimiento, a partir de sus estudios de la realidad sensible, llegan a crear modelos perfectos de los elementos empleados en sus obras: árboles perfectos, columnas perfectas, hombres y mujeres perfectos. No debe extrañarnos entonces que cuando nos aproximemos a la obra de un artista como Rafael Sanzio, notemos que los rostros de sus figuras (hombres y mujeres) tienen un aspecto muy similar. Rafael construye sus figuras a parti de un patrón o modelo de perfección que él mismo ha creado. Esta es su contribución al objetivo de mejorar lo que se ve, para acercarnos a lo que no se ve. En esta obra, también de Rafael, podemos observar lo que mencionabamos en el obra anterior en torno a la idealización de la realidad y la creación de modelos de perfección. El rostro de la Virgen mantiene una extraordinaria similitud con el del Cristo visto antes. Leonardo tal vez sea uno de los artistas más famosos del Renacimiento, pero su obra de temática cristiana no escapa de la idealización que era ya costumbre. En esta obra notamos cómo la Última Cena de Jesús con sus apóstoles está tan organizada y tan cuidadosamente dispuestos todos los personajes en el espacio que hasta las ventanas del fondo parecen "coincidir" con la colocación de los personajes. Leonardo también emplea un modelo de perfección a los rasgos de los personajes, lo que los hace muy similares entre sí y, en no pocas ocasiones, pueden llegar a parecer algo ambiguos. Cuando observamos una obra como ésta, en la cual los rostros de los personajes (especialemente, Santa Ana y la Virgen) son tan similares, los elementos del paisaje son tan perfectos y hermosos, no podemos más que recordar que la tarea de idealizar a las figuras sagradas a partir de datos tomados de la realidad es imperativo para el arte religioso cristiano del Renacimiento. Junto a Rafael y Leonardo, Miguel Angel constituye el grupo de artistas renacentistas por excelencia. En su obra, Miguel Angel hace tanto énfasis en la idealización como Rafael y Leonardo, pero añade un componente adicional: la necesidad de humanizar lo que se ve. En este sentido, las figuras de la realidad sobrenatural adoptan una apariencia muy cercana a la realidad natural, pero más bien fuertes en espiritu y vida, que en la lánguida elegancia que tenían otras obras. Aquí, Miguel Angel hace gala de una fuerza expresiva tremenda, otorgándole al momento de la Creación del primer hombre un clímax sinigual: Dios da la vida, Él es el máximo creador y como Él, el artista crear representaciones de las cosas divinas. Las múltiples visicitudes a las que se ve sometida Europa durante el siglo XVI, entre las cuales destaca sobre todo la Reforma protestante, inflingen un cambio notable en las obras de arte religioso cristiano. El ambiente convulso y agitado, en el cual las persecusiones religiosas y la frágilidad de los órdenes políticos, sociales y económicos, propician la creación de un estilo que lleva a lo visual estas carácteristicas. En esta obra de Jacopo Basano, que nos muestra la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, notamos la gran distancia que le separa de la que ya hemos visto de Leonardo. Aquí la inestabilidad visual se hace patente y la mesa, dispuesta a lo ancho de la composición, parece venírsele encima al espectador. Las posiciones adoptadas por los personajes no son nada elegantes ni estables, más bien resultan incómodas y desequilibradas. Esta situación provoca angustia en el espectador y no la conocida sensación de paz y sociego de las imágenes del Renacimiento. Ante la necesidad de expresar la angustia propia de su tiempo, los artistas apelarán al uso de composiciones cada vez más dinámicas como la que vemos aquí. Las líneas diagonales que surgen de los cuerpos al subir al Calvario portando sus cruces, obligan al espectador a intentar moverlas verticalmente (en su mente). Con ello, la obra pierde serenidad y gana en expresividad visual, en dinamismo. El color también constituyó un elemento importante para los artistas del Manierismo, nombre que se le dió a este estilo opuesto a la serenidad renacentista. Las imágenes religiosas del manierismo emplearon el color como un elemento profundamente expresivo y ello les llevó a marcar grandes constrastes de color en sus obras. En ésta que observamos aquí, notamos como la mancha roja de la túnica de Cristo destaca y resalta por encima de cualqueir otro elemento en el cuadro. Así mismo, el color rojo "golpea" la visión del espectador e impide que éste retire su vista de la obra, le atrapa y le obliga a mirarla. La gran expresividad manierista es un recurso importantísimo que se añadirá de ahora en adelante al arte religioso cristiano.
Fra Angélico, Madonna con el Niño, 1436, Museo Diocesano, Cortona
En el período que conocemos como RENACIMIENTO se observa un cambio en la actitud del hombre ante la vida y el mundo que le rodea. Ya no lo rechaza como el hombre medieval, sino que intenta comprenderlo a través de la razón. Es así como, paulatinamente, en el arte se observará un creciente interés en cómo son y se comportan las cosas en la realidad sensible y, a partir de allí, se busca comprender la realidad sobrenatural. En otras palabras, en el Renacimiento los artistas harán uso de la realidad natural para, al racionalizarla, intentar comprender aquello que no le está dado ver (lo sobrenatural). Después de todo, en la mente de Dios están las ideas originales de todas las cosas y, aunque en este mundo todo es un pálido reflejo de esas ideas perfectas de Dios, a través de ellas, perfeccionándolas podríamos acercarnos a Él.
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