Iglesia de San Pedro de Puentearenas, España (siglo XII) Iglesia de San Pedro de Puentearenas, España (siglo XII) Vista interior del altar principal de la Iglesia de San Martín de Fuentidueña, España (1175-1200) Vista interior de la Iglesia de Santa Madeleine de Vezelay, Francia (h.1050) Capitel con demonios castigando a la Blasfemia, Francia (h.990) Capitel de la Catedral de Autum, Judas acosado por los demonios del remordimiento, Francia (siglo XI) Capitel de la Iglesia de Santa Madeleine de Vezelay, la Lujuria y la Desesperación, (h.1050). Capitel de la iglesia de San Juan de la Peña, España (siglo X) Catedral de Amiens, Francia (siglo XIII) Catedral de Milán, Italia (siglos XIII al XIV) Vista lateral de la Catedral de Notre-Dame de París, Francia (siglo XIII) Vista interior de la Catedral de Notre-Dame de París, Francia (siglos XIII) Vista interior de la iglesia abacial de Saint-Denis, Francia (siglo XII-XIII) Vista interior de la Catedral de Reims, Francia (siglos XII-XIII) Vista interior de la Santa Capilla, París (siglo XIII-XIV) Vitral de la Catedral de Chartres, Francia (siglo XII-XIII) Duccio di Buoninsegna, Madonna Rucellai, 1285, Galleria degli Uffizi, Florencia Nardo di Cione, Crucifixión, 1350-60, Galleria degli Uffizi, Florencia Duccio di Buoninsegna, Madonna con dos ángeles, h.1285, Museo dell´Opera del Duomo, Siena
Durante el llamado período "Románico", Europa atraviesa una etapa de gran inseguridad y miedos. Por un lado, los constantes ataques que sufren los poblados por parte de invasores foráneos generan en la población un profundo sentimiento de fragilidad. Ante esta situación las iglesias se alzaban como los únicos edificios de piedra, resistentes a los ataques que había en regiones extensas. Los fieles solían acudir a las iglesias en busca de refugio y protección, es por ello que estos edificios toman la apariencia de verdaderas fortalezas militares. Las iglesias románicas son más fortalezas militares que recintos religiosos si nos guiamos por su apriencia. Sus paredes son gruesos muros, su conjunto pesado y sus ventanas son pequeños agujeros perfectos para situar a un arquero desde su interior y repeler así los ataques externos. Las iglesias asumen de esta manera en la realidad su papel simbólico de la madre que protege y brinda resguardo a sus hijos. Estas iglesias, en su interior dan muestra de una sobriedad y austeridad casi absolutas. Este gusto por la simplicidad proviene de las enseñanzas monásticas en torno a la preferencia de cultivar lo espiritual sobre lo material. Aquí podemos observar como una imagen también sencilla y apegada a los principios establecidos en el Concilio de Nicea II (787). Esta iglesia, aunque es mucho más grande y espaciosa que la anterior, no presenta muchas diferencias en relación al tratamiento que se ha dado de su interior. Todo es austero y busca más brindar la sensación de seguridad que exponer un complejo mensaje a través de la prensencia profusa de imágenes. Dentro de las iglesias románicas no se observó un uso muy prolífico de imágenes pictóricas. Se empleó en cambio el soporte de los capiteles de las columnas del interior para presentar escenas que se refieren al segundo factor que determina el carácter de este estilo: el miedo al fin del mundo y el consecuente rechazo a todo lo terrenal en función de lo espiritual. Aquí observamos una escena terrible en la cual un hombre que personifica el pecado de la Blasfemia, es castigado por dos demonios. El rechazo al pecado y el mal en general se hace muy patente en las imágenes religiosas de este período. Tenemos aquí la escena de la muerte de Judas - su suicidio-, en la cual parece acosado por dos sinietsros personajes que representan la culpa que le lleva a cometer este acto. El mensaje que la Iglesia como institución desea transmitir en este período está enfocado en el hecho cierto de que el mal -representado en los siete Pecados Capitales: Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia, Pereza- nunca ha de triunfar sobre el bien. No obstante, la Iglesia se situa a sí misma como la única fuente del bien y fuera de ella lo que le espera al hombre es la perdición. En la escena se muestra de forma dramática la consecuencia del mal sobre el hombre. Si la Iglesia quiso transmitir a los fieles los efectos del mal en el mundo, también quiso mostrar el camino para evitar la perdición. Este camino no era otro que las enseñanzas de Cristo que es el único capaz de perdonar los pecados y el único de brinda la Salvación eterna. En esta escena vemos el perdón de Cristo sobre María Magdalena, una mujer pecadora a la que Jesús redimió con el perdón de sus pecados. Por supuesto, el mensaje principal aquí es que la Iglesia, representante de Cristo en la tierra es la única fuente del perdón. Contrario a lo que sucede en el arte románico es lo que sucede en el arte gótico. Aquí procede un rescate del pensamiento neoplatónico a través de los escritos de Pseudo-Dionisio, en el cual la luz como símbolo de la divinidad juega un papel fundamental. La arquitectura del gótico implica una espiritual que no se aleja de las posibilidades de los recursos materiales para escenificar el mensaje cristiano, sino que les concibe como elementos útiles para ello. Cuando estamos ante una catedral gótica estamos ante una entidad absolutamente simbólica en todos sus aspectos, lo que no significa que debe ser sencilla y austera como ocurría con las iglesias románicas. La arquitectura gótica es una arquitectura de elevación espiritual, por ello en sus formas observamos una clara tendencia a marcar una dirección vertical hacia arriba. No obstante, la magnificencia de las catedrales góticas no está destinada al disfrute de los hombres sino de Dios. A través de ellas el hombre tiene la posibilidad de acceder a una realidad sobrenatural que, de otro modo, le sería inaccesible. La catedral gótica es un microcosmos sagrado, no la recreación de un espacio real. Aunque en su fachada principal la catedral gótica presente un trabajo estraodinario de esculturas y decoración, no es el exterior lo verdaderamente importante en términos simbólicos. Si observamos lateralmente una catedral gótica veremos que sobresalen de ella una serie de elementos que, lejos de embellecerla, la afean. No obstante, estos elementos son consecuencia de las necesidades del interior. Todo el peso del edificio es sostenido por estos elementos exteriores no por los elementos del interior. Cuando observamos el interior de la catedral vemos que es mucho más espacioso que el de las iglesias románicas y que sus muros no se muestran pesados sino ligeros, plenos de ventanas. Estas ventanas transfoman los muros y los convierten en verdadera materia traslucida que deja pasar al interior del edificio la luz del exterior, aunque no manteniendo la misma calidad de ésta. Esto es justamente el espectaculo que define a la catedral gótica. Los vitrales actuan como elementos transformadores o tranfiguradores de la luz. La teología cristiana, partiendo de algunos pasajes bíblicos (ver San Juan 8 : 12 y San Juan 3 : 19-21), asoció a Dios con la luz, llamándole "Pater Luminun". De esta manera, en la catedral se intenta enfatizar la cualidad divina de la luz. En el exterior hallaremos una luz brillante y diáfana (lux corporalis o luz material) mientras que en el interior hallaremos una luz transfigurada (lux spiritualis o luz espiritual). Cuando una catedral gótica pierde sus vitrales de colores, como sucedió con la Catedral de Reims a causa de los bombardeos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pierde parte de su esencia, pues una iluminación diáfana contradice el sentido que este estilo le otorgó a la luz. Podemos decir entonces que el gótico es una articulación entre las necesidades simbólicas y las soluciones técnicas. Éstas, por separado, no hacen ni definen el gótico. Lo más importante del magnífico espectáculo que puede observarse en el interior de las catedrales góticas es que lleva a lo máximo su significado simbólico al asociarlo al milagro de la Concepción de Cristo en el cuerpo de María: si el Espíritu Santo penetró en el cuerpo virgen de María sin producir en él ningún daño o modificación, lo mismo sucede con la luz exterior que penetra a través de los vitrales en el interior de las catedrales sin romperlos, sin transformarlos; si el Espíritu Santo al entrar en el vientre de María produce la Sagrada Concepción de Cristo, lo mismo sucede cuando la luz diáfana del exterior se convierte en una luz transfigurada y multicolor en el interior de la catedral. De modo que cuando estamos en el interior de una catedral y observamos las luz penetrar a través de los vitrales, estamos en presencia del Santo Misterio de la Concepción de Jesucristo. Los vitrales no solamente constituyeron un elemento más dentro del entramado simbólico de la luz y el edificio de la catedral, sino que además fueron excelentes transmisores de mensajes iconográficos, pues sus vastas superficies bien podían albergar las tradicionales historias sagradas, tan importantes en la labor pedagógica del arte religioso cristiano, definida en el Concilio de Nicea II (787) La pintura gótica también se ve influida por el simbolismo en torno a la luz que se manifiesta en las iglesias. En la pintura se estimula y difunde el uso del fondo dorado como la mejor manera de crear una ambientación no-natural que remita a un espacio sagrado. No obstante, en la pintura gótica los objetos y personajes comienzan a ganar cierta corporeidad o volúmen. Sin embargo, esto no debe hacernos pensar en la aparición de una intención "realista" en la pintura. Aún en este período las imágenes sagradas son sólo alusiones simbólicas a entidades fuera de este mundo. Si observamos bien, los cuerpos pueden parecer más sólidos, pero no proyectan sombra alguna. Esto se debe a que el mundo espiritual no puede comportarse de la misma manera que el natural. Además de lo ya expuesto, durante el gótico el arte religioso cristiano gana para sí un elemento de inestimable valor: el sentimiento. Las imágenes, sobre todo aquellas de la Virgen con el Niño, se hacen más amables y dulces. De la misma manera, en las escenas de la Crucifixión podemos incluso expresiones de dolor que antes no estaban presentes en las obras de este tipo.
Iglesia de San Pedro de Puentearenas, España (siglo XII)
Durante el llamado período "Románico", Europa atraviesa una etapa de gran inseguridad y miedos. Por un lado, los constantes ataques que sufren los poblados por parte de invasores foráneos generan en la población un profundo sentimiento de fragilidad. Ante esta situación las iglesias se alzaban como los únicos edificios de piedra, resistentes a los ataques que había en regiones extensas. Los fieles solían acudir a las iglesias en busca de refugio y protección, es por ello que estos edificios toman la apariencia de verdaderas fortalezas militares.
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