Virgen con el Niño, siglo VI, Iglesia de San Vitale, Ravenna, Italia Cristo como Pantocrátor, siglo IX, Mosaico griego. Cristo en la Gloria, siglo XII, Iglesia de San Vicente de Taull, España Crucifijo italiano, siglo IX Giunta Pisano, Crucifixión, h.1240, Galleria degli Uffizi, Florencia Crucifijo francés, siglo XIV Crucifixión, siglo XIII, ilustración de un manuscrito alemán.
Ante el ataque inclemente de los emperadores bizantinos (León III, Constantino V y León IV) a las imágenes religiosas para debilitar el poder de la Iglesia cristiana, fue necesario realizar un Concilio ecuménico (Nicea II, 787). En él se clarificó y concretó la doctrina que hasta el momento se había manejado implicitamente sobre las imágenes sagradas. Se estipula a partir de entonces que toda imagen sagrada es una "representación" y no una "reproducción" del personaje. En esta imagen de María con el Niño Jesús en brazos podemos notar que no existen intenciones de realizar un "retrato" fiel de los personajes, ni siquiera darles parecido a personas humanas, porque deben constituir símbolos religiosos. Si tomamos en cuenta lo que dijo San Agustín en el siglo V: "Dios está más allá de la materia y del tiempo", no podemos esperar representaciones ni de Dios ni de ningún personaje sagrado constreñido a factores materiales y/o temporales. Así, en esta imagen de Cristo vemos como ha sido ubicado en un fondo dorado (simbolo de divinidad y realeza) que no permite que identifiquemos el lugar donde se encuentra (ni el momento) con ningún lugar en la tierra. De la misma manera, su cuerpo, sus facciones y sus ropas han sido tratadas por el artista de tal modo que se le han restado todas las características de materialidad como volumen, texturas, sombras, etc. No debemos olvidar tampoco que estas imágenes fueron creadas con una función principalmente didácticas, debían ser "la palabra" para aquellos que no saben leer. Cuando se habla de restar a la imagen cualquier vestigio de materialidad, se quiere indicar que todas las cualidades que normalmente poseen las cosas materiales, y que percibimos a través de nuestros sentidos, han desaparecido. En otras palabras, se ha espiritualizado la materia, pues ésta ya no posee sus propias caracteristicas sino las de otra instancia: la espiritual. En esta obra vemos cómo la imagen de Cristo parece más un signo que una figura real. En ella vemos como la materia (el material del cual está hecho la obra) simula ser espiritu, porque lo que vemos es una representación de una instancia superior: la divina. Para el estudio de las imagen se han acuñado dos términos que definen modos de aproximarse a las obras para comprenderlas mejor. Uno de ellos es ICONOGRAFIA, que define tanto al conjunto de imágenes identificadas con una cosa o idea, como a la descripción de las imágenes en una obra. Si observamos este crucifijo del siglo IX veremos representar una escena tomada de los Evangelios (ver San Juan 19 : 26-27), perfectamente identificable por los elementos iconográficos allí presentes: Cristo, María, Juan y la cruz. Identificar la escena y describirla con detalle es el objeto de la iconografía. En esta imagen vemos otra representación de la misma escena biblíca. Las variaciones plásticas que pueda tener con la imagen anterior no son relevantes en tanto que cumple con la integración de los elementos iconográficos que conforman la escena. Incluso aquí podemos observar cómo el artista hace mayor énfasis en que cada uno de los elementos esté claramente dispuesto que en una inetrepretación más "realista" de los mismos. No olvidemos que estas imágenes deben estar "más allá de la materia y el tiempo". El segundo término empleado para el estudio de las imágenes es ICONOLOGIA, el cual se refiere al estudio del contenido de una serie iconográfica con el fin de reconstruir el mensaje de ésta. Si vemos esta nueva representación de la escena biblíca de la que hemos hablado en las dos obras anteriores, observaremos que incluye los mismos elementos, pero no basta con describirlos. Si intentamos ir más allá podemos concluir que: si Cristo es Dios, María es la Madre de Dios y Juan es el hijo espiritual de María gracias a las palabras de Cristo ("Hijo he ahí a tu Madre"); si todos los cristianos son hijos de Dios, María se convierte en su Madre espiritual y todos serían hermanos en la fe; entonces la escena que vemos se convierte en la institución del sentido simbólico de la Iglesia cristiana. Esta es la labor de la iconología. Si el estudio iconológico nos brinda el mensaje que subyace a las imágenes que vemos y nos ayuda a ir más allá de lo evidente, debemos tener siempre presente que cualquier elemento adicional a los que iconográficamente son indispensables en la escena, contribuye al enriquecimiento del mensaje. Así, en esta imagen hallamos los mismos elementos de las anteriores, sólo que se ha agregado una imagen adicional de Cristo volviendo de lo infiernos y venciendo a Satanás. De modo que lo que habías expresado hay que agregar que: sólo en el seno de la Iglesia el cristiano tiene asegurada su salvación, según la promesa realizada por el propio Cristo y cumplida al resucitar al tercer día de su muerte.
Virgen con el Niño, siglo VI, Iglesia de San Vitale, Ravenna, Italia
Ante el ataque inclemente de los emperadores bizantinos (León III, Constantino V y León IV) a las imágenes religiosas para debilitar el poder de la Iglesia cristiana, fue necesario realizar un Concilio ecuménico (Nicea II, 787). En él se clarificó y concretó la doctrina que hasta el momento se había manejado implicitamente sobre las imágenes sagradas. Se estipula a partir de entonces que toda imagen sagrada es una "representación" y no una "reproducción" del personaje. En esta imagen de María con el Niño Jesús en brazos podemos notar que no existen intenciones de realizar un "retrato" fiel de los personajes, ni siquiera darles parecido a personas humanas, porque deben constituir símbolos religiosos.
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