Sarcófago romano, siglo II d.C. Sarcófago romano, siglo III d.C. El Buen Pastor, siglo II d.C., Catacumba de Priscilla, Roma El Buen Pastor, siglo II d.C., Catacumba de Domitilla, Roma. Adán y Eva, siglo II d.C., Catamcumba de Priscilla, Roma. La Resurrección de Lázaro, siglo II d.C., Catacumba de la Vía Latina, Roma. El perdón de María Magdalena, siglo III d.C, Catacumba de San Pedro y San Marcelino, Roma.
El perdón de María Magdalena, siglo III d.C, Catacumba de S La Virgen con el Niño y dos Santos, siglo IV, arte sirio. Cristo entronizado, siglo VI, Iglesia de San Vitale, Ravenna, Italia. Baustismo de Cristo, siglo VI, Iglesia de San Vitale, Ravenna, Italia. La Virgen y Niño, siglo VI, Iglesia de San Vitale, Ravenna, Italia. Basilica de Santa Sofia, siglo VI, Estambul, Turquía. Basílica de Santa Sofía, siglo VI, Estambul, Turquía (Vista interior). Cristo con el emperador y la emperatriz, siglo VI, Basílica de Santa Sofía, Estambul, Turquía.
Observa cómo los temas empleados en este sarcófago son tomados de las historias de la Biblia, tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento. Sin embargo, la forma artística es absolutamente romana. Lo que significa que si no sabemos reconocer los temas, probablemente no notaríamos su sentido cristiano. Al igual que en el sarcófago anterior, aquí podemos notar el uso cada vez más definido de los temas biblícos. En éste, en particular, podemos notar como ya existe un interés por diferenciar y separar debidamente las escenas, de modo que no se confundan entre sí. Dentro de las catacumbas, los primeros cristianos iniciaron su labor divulgativa y didáctica empleando imágenes visuales. Estas imágenes recordaban al fiel los conceptos fundamentales sobre los cuales se erigía el mensaje de Cristo. El tema del Buen Pastor (originalmente greco-latino, asociado con el concepto de "Humanidad") calzó perfectamente en la noción expuesta por Jesucristo sobre el sacrificio hacia el prójimo y sobre el inmenso amor de Dios hacia sus hijos. Aunque los temas biblicos eran fundamentales para la difusión del mensaje cristiano, el emplear modelos clásicos con un contenido nuevo también fue un recurso importante en el desarrollo del arte religioso cristiano durante los primeros 3 siglos. El tema del Buen Pastor es uno de tantos temas tomados en "prestamo" de la antigüedad clásica. Los temas biblícos fueron privilegiados por los primeros critianos. Estos temas trataban principalmente el problema del pecado y de la posibilidad de salvación a través del Cristianismo. El Pecado Original fue, claramente, uno de los más empleados en estos primeros tiempos. Para los primeros cristianos era importante el comunicar el impacto del mensaje de Cristo y las posibilidades de Salvación ciertas que éste bindaba. Es por ello, que temas narrativos de los hechos de la vida del propio Jesús sirvieron como aval en la búsqueda del perdón de los pecados. La presentación de un hecho reconocido como cierto por los Evangelios como lo es el perdón de los pecados a una mujer de vida licenciosa, permitía a los cristianos demostrar que no importa el haber sido pecador, lo importante es el arrepentimiento sincero para disfrutar de las bondades del mensaje de Cristo. Cuando la comunidad cristiana comenzó a contar entre sus filas a importantes teólogos y filosofos, se inicia una importante disertación sobre cómo representar unos personajes de caracter divino sin propiciar entre los fieles la idolatría. La respuesta más importante se dio al declarar que las imágenes sagradas no representan nada de la realidad que percibimos a través de nuestros sentido, sino que por el contrario, representaban la realidad espiritual. Con ello, los artistas no tenían necesidad de emplear el "realismo" en las imágenes. En la iglesia de San Vitale podemos observar una de las muestras más hermosas de decoración bizantina. En esta imagen vemos a Cristo (a la romana), sentado en lo que simula ser el globo del cosmos, vestido con el púrpura reservado a los emperadores romanos y flanqueado de dos ángeles con togas de senadores. Podemos afirmar entonces que la fusión entre el Estado romano y la Iglesia cristiana se ha consumado, al menos en predios del arte. En esta escena cabe resaltar la falta de adecuación a la realidad que posee la imagen. El agua, por ejemplo, a penas si está simulada, de una forma que hasta podría calificarse de infantil; no hay profundidad en lo que debería ser un paisaje, etc. Todo esto corresponde al rechazo que el artista demuestra hacia la realidad al no poder incluirla en sus representaciones, pues estas son figuras sagradas, espirituales. Por otro lado, vemos cómo la figura de Dios Padre tiene un extraordinario parecido con la consutudinaria representación grecorromana de Zeus, lo que reafirma los nexos que atan al arte religioso cristiano de estos siglos con la tradición romana. Esta imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos, tambien obedece a los principios de representación de la espiritualidad y no de la materia. Llama la atención también, que la figura de María, pareciera ser un mero fondo en el cual resalta la del Niño Jesús. Cuando Constantino, el grande, muda la capital del imperio romano hacia la antigua ciudad de Bizancio (Constantinopla), hoy Estambul, impulsa la conversión de ésta en una ciudad digna de su rango. Para el siglo VI, el emperador Justiniano ordena la construcción de esta enorme basílica con el nombre de Santa Sofía, haciendo honor a la Grande y Suprema Sabiduría de Dios. Cuando Constantinopla cae en manos de los musulmanes en el siglo XV, la Basílica de Santa Sofía fue convertida en una mesquita y los extraordinarios mosaicos que la adornaban con escenas alusivas al cristianismo fueron cubierta. Desde la década de los 30, en el siglo XX, se ha intentado devolver a este recinto su esplendor original descubriendo las decoraciones y convirtiendole en un museo. En la Basílica de Santa Sofía puede observarse cómo el arte bizantino emplea los lineamientos postulados por San Agustín en el siglo V, los cuales preveen que las imágenes sagradas no busquen similitud alguna con la realidad que perciben nuestros sentidos, pues se refieren a entidades espirituales no materiales.
Sarcófago romano, siglo II d.C.
Observa cómo los temas empleados en este sarcófago son tomados de las historias de la Biblia, tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento. Sin embargo, la forma artística es absolutamente romana. Lo que significa que si no sabemos reconocer los temas, probablemente no notaríamos su sentido cristiano.
 |