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Ni
el Renacimiento, ni la nueva ciencia fisico-matemática de Galileo, ni
la revolución astronómica de Copérnico y de Brahe, implicaban, de por
sí, una ruptura con las fuentes esenciales del orden medieval. Ese
orden, fundado en la Fe católica y en la tradición greco-romana que
heredaron los germanos, nunca descalificó al saber ni a la razón
humana. Para la Fe católica y la tradición clásica, la inteligencia
es, y ha sido siempre, una fuente esencial y universal de orden, verdad,
sabiduría y conciencia.
La descalificación esencial de la razón y el saber humano, y por
lo tanto, de la naturaleza, la libertad y el hombre, no proviene de esas
fuentes: proviene, en los tiempos modernos, de la Reforma luterana. Según
Lutero, el pecado de Adán y Eva convirtió absoluta y esencialmente en
réprobos a la naturaleza, la humanidad y la historia. Nada que el
hombre pueda naturalmente ser o hacer, nada que natural y
originariamente exista, tiene, en razón del pecado, virtud o bondad
intrínseca: la naturaleza, la humanidad y la historia son,
consiguientemente, constitutiva y esencialmente malas. Más allá de
cualquier disputa ética, política o jurídica y subyaciendo a toda la
confrontación dogmática y teológica, la raíz de la negación
protestante de la catolicidad es esta negación de la bondad e
integridad esencial de la Naturaleza, la Humanidad y la Historia.
El puritanismo no fue, por eso, un accidente en la historia de la
Reforma. Si el Hombre, la Historia y la Naturaleza son sustancialmente
malos, la Fe y por lo tanto Dios, el Dios del Antiguo y el Nuevo
Testamento, así como sus sucedáneos profanos posteriores, sucedáneos
como la Razón, el Progreso, la Historia, la Revolución, la Humanidad,
la Ciencia o la Libertad, exigirán la radical y absoluta negación y
refundación de todo. Dicho en otros términos, la sola Fede Lutero y la
Reforma, la Fe absolutizada, será, como lo serán también sus sucedáneos
profanos posteriores, inquisitorial por definición y esencia.
Definiendo, en efecto, a los que la abrazan como hijos de la luz, los
separará absolutamente de los que la adversan, a los que estigmatizará
como hijos de las tinieblas, y como no hay ni puede haber mediación
entre ambos, esta oposición absoluta terminará convirtiendo a la
Iglesia en secta, en vengador y verdugo a Cristo, al Espíritu de Verdad
y Caridad en violencia y a la vida y a la existencia humana en perpetua
confrontación y guerra, o lo que es 1o mismo, infierno. |