Radicalismo III

Ni el Renacimiento, ni la nueva ciencia fisico-matemática de Galileo, ni la revolución astronómica de Copérnico y de Brahe, implicaban, de por sí, una ruptura con las fuentes esenciales del orden medieval. Ese orden, fundado en la Fe católica y en la tradición greco-romana que heredaron los germanos, nunca descalificó al saber ni a la razón humana. Para la Fe católica y la tradición clásica, la inteligencia es, y ha sido siempre, una fuente esencial y universal de orden, verdad, sabiduría y conciencia.

La descalificación esencial de la razón y el saber humano, y  por lo tanto, de la naturaleza, la libertad y el hombre, no proviene de esas fuentes: proviene, en los tiempos modernos, de la Reforma luterana. Según Lutero, el pecado de Adán y Eva convirtió absoluta y esencialmente en réprobos a la naturaleza, la humanidad y la historia. Nada que el hombre pueda naturalmente ser o hacer, nada que natural y originariamente exista, tiene, en razón del pecado, virtud o bondad intrínseca: la naturaleza, la humanidad y la historia son, consiguientemente, constitutiva y esencialmente malas. Más allá de cualquier disputa ética, política o jurídica y subyaciendo a toda la confrontación dogmática y teológica, la raíz de la negación protestante de la catolicidad es esta negación de la bondad e integridad esencial de la Naturaleza, la Humanidad y la Historia.

El puritanismo no fue, por eso, un accidente  en la historia de la Reforma. Si el Hombre, la Historia y la Naturaleza son sustancialmente malos, la Fe y por lo tanto Dios, el Dios del Antiguo y el Nuevo Testamento, así como sus sucedáneos profanos posteriores, sucedáneos como la Razón, el Progreso, la Historia, la Revolución, la Humanidad, la Ciencia o la Libertad, exigirán la radical y absoluta negación y refundación de todo. Dicho en otros términos, la sola Fede Lutero y la Reforma, la Fe absolutizada, será, como lo serán también sus sucedáneos profanos posteriores, inquisitorial por definición y esencia. Definiendo, en efecto, a los que la abrazan como hijos de la luz, los separará absolutamente de los que la adversan, a los que estigmatizará como hijos de las tinieblas, y como no hay ni puede haber mediación entre ambos, esta oposición absoluta terminará convirtiendo a la Iglesia en secta, en vengador y verdugo a Cristo, al Espíritu de Verdad y Caridad en violencia y a la vida y a la existencia humana en perpetua confrontación y guerra, o lo que es 1o mismo, infierno.

 

Filosofìa y Modernidad

Radicalismo IV