|
El radicalismo revolucionario nace de la Modernidad. La Modernidad es fruto de la crisis de orden, autoridad y principio provocada por la serie de acontecimientos, que sucediéndose casi simultáneamente entre 1450 y 1600, hace imposible la reforma de un orden feudal ya anquilosado y acabado. Estos acontecimientos fueron: el descubrimiento de América y la circunnavegación de la Tierra; el Renacimiento italiano; la revolución copernicana; la consolidación del absolutismo real y de los estados nacionales; el descubrimiento del método científico y la fundación de la ciencia físico matemática por Galileo; el auge y la consolidación creciente del mercado y la burguesía; el descubrimiento de la imprenta de tipos móviles y la brújula; la Reforma protestante y las guerras de religión que definitivamente liquidaron al orden feudal y a la unidad espiritual de la Cristiandad. Cada uno de estos acontecimientos trastocó, en su orden, los supuestos fácticos, intelectuales, institucionales y morales tradicional y universalmente establecidos y aceptados. En un lapso cortísimo de tiempo se pasó, por ejemplo, de la imagen ptolemáica del universo a la copernicana; de la tradicional física de Aristóteles a la nueva ciencia de Galileo; de los tradicionales límites de la tierra en las Columnas de Hércules a la travesía del Atlántico y del Pacífico, el descubrimiento de América y la circunnavegación del globo; de la autoridad consagrada de los autores clásicos, a la sola y libre autoridad de la razón, la verificación y la experiencia; de la autoridad única de la Iglesia de Roma en cuestiones de Fe, moral y teología, al libre examen y a la sola autoridad de la Escritura reivindicada por Lutero y la Reforma protestante. La Modernidad será el intento de superar, de manera definitiva y absoluta, esta crisis universal de autoridad y principio. De esa pretensión deriva el radicalismo revolucionario moderno. |