Ética, Política y Educación

 

¿Qué tiene que ver el poder con la ética y la moralidad? Más concretamente, que tiene que ver el orden del poder político con el orden de la justicia y de la libertad? Y éstos a su vez, que tienen que ver con el orden del saber, de la ciencia, y de la verdad? ¿Qué identifica, en otros términos, a la acción humana? ¿Qué la especifica, define y determina? ¿Qué la norma y fundamenta? ¿Qué la vincula y relaciona a la verdad, la justicia y la libertad?

Básica y radicalmente hay dos "respuestas" a estas "preguntas". Una afirma que la relación entre el poder, la acción humana y la moralidad, es esencial e intrínseca; la otra, que es accidental y extrínseca. En los términos de las dos grandes fuentes de orden y conciencia que definen a la civilización occidental, a saber, la cultura griega y el mundo bíblico y cristiano, la primera "respuesta" estaría representada en la cultura griega por Homero, los poetas trágicos y la filosofía; la segunda, por los sofistas. Si tomamos al Antiguo y Nuevo Testamento como referentes, la primera "respuesta" estaría representada por el "sabio" y su "camino arduo y estrecho"; la segunda, por el "necio" y su "camino cómodo y amplio." En todo caso, tanto estas "preguntas", como sus dos respuestas", son ineludibles cuando de vida humana y libertad se trata.

El hombre es, en efecto, libre para elegir, pero no es libre para no elegir. La libertad para el hombre es, paradójicamente, una fatalidad. Irrespectivamente, pues, de lo que uno en su corazón elija, la elección, el elegir mismo, es ineludible. La libertad, pues, no es nunca "poder" del cual a voluntad dispongo: es "elección" que no puedo eludir, que implica mente, y por lo tanto, y de modo necesario, referencia ineludible al orden del bien y de la verdad. Dicho en otros términos, ese "elegir" que define la existencia de toda criatura espiritual e inteligente y que es consustancial a la libertad, es, a su vez, un saber. Ese saber no es un saber formal ni un saber cualquiera del cual dispongo a mi voluntad. Ese saber es la "decisión" moral misma que no puedo evitar y que compromete a mi vida en términos radicales y absolutos de verdad o mentira, de justicia o injusticia, de bien o mal, de sentido o sin sentido.

Un saber como éste es en sí mismo una acción dramática y un juicio al poder, como lo son también la ética, el derecho, la política y la educación y como lo son asímismo, la vida, la amistad, el amor, la verdad, la belleza, la justicia, y la libertad. No es accidental, pues, que Grecia, madre de la razón y de la ciencia, haya sido también la cuna de la libertad, y que Sócrates, Platón, y los grandes poetas trágicos de Atenas hayan sido los pedagogos y maestros de la primera democracia de la historia.