Ética

El mundo de la ética, o de la moralidad, es el mundo de la libertad. En estas notas, usaremos los términos “ética” y “moral” indistintamente, porque  aunque "ética" provenga del griego, y se use generalmente para denotar  el bien y regla de una actividad específica, como cuando hablamos, por ejemplo, de la ética médica, o de la ética comercial,  y  "moral" derive del latín, y se use generalmente para denotar los aspectos  universales del obrar libre y humano, ambas  son posibles gracias a la existencia efectiva de la libertad. En términos kantianos, la libertad es la condición de la posibilidad tanto de la ética como de la moralidad. La libertad es, pues, el tema esencial de la ética y de la moral.

La libertad y el bien, indisolublemente. ¿Porque indisolublemente? Porque todo acto libre es un acto  inteligente. Eso quiere decir que todo acto libre busca y persigue un fin  conciente y voluntariamente. Querer y perseguir un fin deliberadamente es apreciarlo como bien. De esto se deduce, primero, que no hay, ni puede haber, libertad sin mente, o lo que es lo mismo, que el fundamento de la libertad es la mente. Y segundo, que en el orden de la libertad el fin  y el bien  se identifican. Por eso, la regla,  norma, o "razón" de la libertad es el bien. No cualquier bien, no lo que me parece, o creo, o estimo, o deseo, o pienso, bueno,  sino lo que es bueno. La verdad del bien es la verdad de la libertad, o dicho en otros términos, el verdadero bien es la norma, regla, y "razón" de la libertad.   Por eso,  si no hay verdad es imposible la libertad, es una burla la libertad, es un infierno la libertad. La verdad es, en otros términos,  la esencia de la libertad.  Esto, entre otras cosas, es lo que quiere decir que no hay, ni puede haber, libertad sin mente, o que el fundamento de la libertad es la mente. Si no hay bien, pues, si no hay verdadero bien, la libertad se convierte en desesperación, infelicidad y angustia. La integridad de la libertad es indisociable, por eso, del bien y de la verdad. Dicho de otro modo, la verdad  es el bien supremo de la libertad.

¿Qué es un bien supremo?  Esencialmente, hay dos tipos de fines o de bienes. Los fines o bienes  útiles y los fines o bienes inútiles. Un bien supremo es un bien inútil. Un bien inútil es un bien absoluto. Un bien absoluto es normativo,  incondicional y trascendente. No está sujeto a condiciones, no está subordinado a nada ni a nadie, no es circunstancial y relativo, no es un medio o instrumento de nada ni de nadie, trasciende, consiguientemente, el orden entero del poder, el dominio, y la efectividad. En dos palabras, no sirve, literalmente, para nada. Ejemplos: Dios,  la amistad, la persona, la vida, la patria, el universo, la existencia, la justicia, y  usted y yo lector, personalmente.

La amistad, por ejemplo, para qué sirve? Si usted dice que es mi amigo, pero me usa, pero subordina nuestra amistad a su interés, o utilidad, o beneficio, se puede hablar de amistad? Obviamente, no. Al convertir a la amistad en medio o instrumento de otra cosa que no sea ella, usted mediatiza a la amistad, y al mediatizarla la destruye. La amistad, no es un bien o fin útil, no es un instrumento, no sirve, literalmente para nada: tiene valor en sí, es un fin en sí, es un bien en sí, por eso, como Dios, la vida, el universo, la patria,  la justicia, el amor, o la moral,  es intangible. 

 

Notas de Ética Francisco Rivero